El desarrollo es un fenómeno universal. Se da en todos los ámbitos de la vida: en la realidad física (biología), intelectual (maduración de las capacidades cognitivas), moral (discernir sobre el bien y el mal) o social (mejora de las condiciones de vida). Supone un crecimiento armónico y continuo. Por ejemplo, para un grupo social, que vive en un lugar determinado, el desarrollo significa que todos sus miembros tienen igualdad de oportunidades y un comportamiento adecuado.
En este caso, el desarrollo será positivo, porque todos podrán crecer armónicamente. Pero, cuando algunas personas no respetan las normas del grupo y buscan solo su interés egoísta, adoptarán un comportamiento extraño, acaparando los bienes que no les pertenecen. En ese caso, el desarrollo será negativo.
En los últimos años, hemos experimentado muchos avances. Por ejemplo, la era industrial supuso un gran avance en la producción. Sin embargo, con el paso de los años, descubrimos que los grandes inventos, basados en el consumo del carbón o de otras energías fósiles, son perjudiciales para el ecosistema. Hoy, por primera vez en la historia, sabemos que el futuro de la humanidad está en manos del ser humano.
César Bona, en su libro titulado “Educación sostenible”, señala que la palabra sostenible, aplicada especialmente en ecología y economía, significa que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente. En este sentido, el desarrollo sostenible implica un cambio en nuestro estilo de vida: abandonar el consumismo y cuidar de la naturaleza. Se trata de responder a las necesidades presentes sin comprometer las oportunidades de las generaciones futuras para cumplir con las suyas. La supervivencia de nuestras sociedades y de nuestro planeta común pasa por un mundo más sostenible.
¿Cómo lograr la sostenibilidad?
La respuesta está también en nuestras manos: a través de la educación. No nacemos sabiendo todo. Necesitamos aprender. De la misma manera que la familia y el colegio se preocupan de que los niños aprendan a leer, sumar, restar, dibujar... así también habrá que educar para la sostenibilidad.
Esa es la misión de los Colegios capuchinos. No solamente educar en conocimientos sino también en el respeto a la naturaleza.
Desde pequeños, hay que practicar el malabarismo. De ese modo, ya en la vida adulta, sabrán mantener en el aire tres bolas diferentes a la vez: crecimiento económico, inclusión social y protección del medio ambiente. Si una de ellas cae al suelo, se acabó la función. Una economía, por ejemplo, puede crecer con rapidez, pero solo durante un tiempo si la mayoría de la gente continúa siendo pobre y se agotan todos los recursos naturales.
Lo que aprendemos de niños no se olvida nunca. Si de pequeños aprendemos a cerrar el grifo después de lavarnos los dientes, apagar la luz, reciclar los desperdicios... en la vida adulta sabremos disfrutar de las cosas sin tanto despilfarro.
Cesar Bona afirma también que cuando entran en juego la sostenibilidad y la comodidad, una de las dos siempre parte con ventaja. Pero la situación nos obliga a plantearnos un cambio de hábitos a todos los niveles, desde lo particular, pensando en cómo nos vestimos, nos movemos y vivimos, a lo gubernamental, con medidas más estructuras que no serán siempre populares, pasando por instar a las empresas a adoptar cambios urgentes y acogerse a una economía no lineal que tenga en cuenta tanto lo social y lo económico como lo ambiental. Pequeños gestos, pequeñas acciones del día a día que, unidos, han de provocar ese cambio.
Según la Asamblea General de las Naciones unidas de 2013, la educación no es sólo una inversión esencial, sino que, además, constituye una base importante para el enriquecimiento humano a través del aprendizaje permanente. Posteriormente, La Asamblea de 2015 señaló 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), diseñados para lograr un futuro mejor y más sostenible para todos, que pretenden ser alcanzados para el 2030. Las leyes de educación actuales van en esta misma línea.
Los colegios capuchinos de España hemos adquirido este compromiso: llevar la alfabetización ecológica a todos los rincones. Educar en la sostenibilidad no es solo misión de los profesores. Es -tiene que ser- un compromiso de todos.
Fr. Domingo Añó, OFMCap.
Director del colegio Sagrado Corazón (Usera - Madrid)